Mateo 27:22
En estos días santos, el mundo vuelve su mirada a los hechos que estremecieron la historia: la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios. Pero mientras muchos repiten rituales, otros simplemente toman estos días como vacaciones. Sin embargo, la pregunta de Pilato sigue siendo la misma para ti y para mí hoy:
¿Qué harás con Jesús, llamado el Cristo?
No es una pregunta religiosa. Es la pregunta más importante de tu vida.
El rechazo de un Rey inocente
La Biblia nos narra que Jesús, el inocente, fue presentado ante una multitud sedienta de sangre. Pilato lo ofrece como Rey, como verdad, como justicia… pero el pueblo escoge a Barrabás.
¿Te suena familiar?
Hoy muchos siguen eligiendo a los Barrabases del mundo: placeres, orgullo, tradiciones sin vida, excusas bien elaboradas.
Pero Jesús sigue delante de ti, ofreciéndote redención, perdón y una vida nueva.
«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…» (Juan 1:11-12)
La cruz: no fue un error, fue el plan eterno
La muerte de Cristo no fue una tragedia: fue un intercambio.
Él tomó nuestro lugar. Él cargó con nuestro castigo. Él murió para que tú puedas vivir.
¿Puedes ver el amor en cada clavo?
¿Puedes oír su voz entre los azotes diciendo: “Padre, perdónalos”?
¿Puedes entender que fue por ti?
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados… y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5)
No basta con recordar, hay que rendirse
Semana Santa no es para emocionarse… es para entregarse.
No es solo para llorar, es para cambiar.
No es para admirar la cruz, es para tomarla y seguirle.
Jesús no quiere un lugar en tu calendario. Él quiere tu corazón.
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lucas 9:23)
El llamado: ¿Qué harás con Jesús?
Hoy puedes seguir la rutina… o puedes responder al llamado eterno del Salvador.
La cruz está vacía. La tumba también. Pero el trono está ocupado… y desde allí Cristo te llama.
Si estás lejos, vuelve.
Si nunca le has entregado tu vida, hoy es el día de salvación.
No juegues con lo eterno. No endurezcas más tu corazón.
Señor Jesús, hoy entiendo que no basta con saber de Ti. Necesito entregarte mi vida por completo. Perdona mis pecados. Límpiame con tu sangre. Hoy decido no ser un espectador más. Te recibo como mi Salvador, y me rindo ante ti. Hazme nuevo, hazme tuyo. En tu nombre, Jesús. Amén.
Ya no puedes decir que no sabías
Pilato preguntó: “¿Qué haré con Jesús?”
Ahora la pregunta es tuya.
¿Qué harás tú… con el que fue a la cruz por amor a ti?
Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. (Romanos 10:13)
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